Casi como en casa

Cuesta imaginar que tras un día de auténtico infierno íbamos a encontrar a un angel, Desayunamos como pudimos y en la puerta del hotel ya estaba Anneke, madre colaboradora de la escuela que no solo nos llevó a las montañas, sino que nos invito a comer Noodles en Dillon. Por fín un plato caliente y conversación. América ya nos empezaba a sonreir.



Como Kendra, la directora del colegio de Victoria, se había ofrecido a alojarnos, aceptamos. Después vino la generosidad de Liz que nos prestó su coche para diez días mientras ella estaba en Chicago. Así pues, con casa y coche prestados, nos vimos ya acomodados en la montaña de Breckenridge, pero era un poco como vivir un espejismo. 
La casa fenomenal, el problema, tener que hacer uso de una cocina ajena y bajar a la civilización porque éramos muy conscientes de que aquello se nos iba a acabar y nuestra prioridad absoluta era encontrar una casa donde vivir cuanto antes.


La cuenta atrás ya había empezado, solo nos quedaba encontrar la casa ideal a un precio razonable. Estas loco!! en las montañas eso es imposible!!



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