El viaje eterno
Uno nunca está preparado para algo así, te lo pueden contar, pero solo es al vivir la experiencia cuando realmente sabes de que va el tema, y nuestro tema iba a ser muy largo. El viaje en avión después de una mudanza eterna de llevar trastos a casa y a la oficina parecía pan comido. Todo listo la noche anterior, a ver, haciendo un cálculo bueno, tenemos que estar en el aeropuerto a las... 3:30 de la mañana, con los niños y las mega maletas. Si no fuera por el pinchazo de la rueda del coche al meterlo en el garaje parecería que toda la logística estaba solucionada pero siempre el destino te depara cosas, como que en ese momento entren unos vecinos muy amables al garaje que se ofrecen a dejarte el coche.
Sin mucho dormir y con nervios a flor de piel vamos hacia el aeropuerto, billetes, visados, el pasaporte por favor, bien, no hay sobrepeso en las maletas. Un café rápido y más nervios, la tan odiada despedida, yo lloro, tu también , vamos a comportarnos, y siempre hay alguien que rompe la magia, el control de seguridad, oiga usted, saque el ordenador, objetos metálicos, coja al niño a la vez y el carrito de la niña si puede también... Nos despedimos con una sonrisa y allí vamos.
Lo peor vendría en Boston ya que las 5 horas y media de espera en el
aeropuerto se iban a convertir en 9 horas y media y mucha desesperación de ver que
, con motivo de la meteorología, nuestro vuelo se iba retrasando cada vez más.
Al final, tras 27 horas y media llegamos por fin a Denver con nuestras maletas maltrechas y un cansancio enorme . Mira, ahi está el bus que nos lleva al hotel pero no, el viaje no ha acabado, nos lleva a un hotel equivocado que resulta tener el mismo nombre, cosas de la vida que hicieron que a las 2:20 de la mañana estuvieramos entrando a la habitación.
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